I, TONYA Y COMO HACER UN BIOPIC

El principal problema que tiene un autor al intentar hacer una película biográfica, o biopic, es el de pararse en la delgada línea que divide la aburrida realidad y la increíble ficción, y decidir hacia que lado encaminar su película. Y es en este sinuoso recorrido en el que la película puede resultar un fidedigno bodrio o una buena película alejada de la realidad. Muy pocos directores han sorteado con éxito esta dicotomía (Milos Forman entre sus mejores exponentes), y el no muy experto Craig Gillespie sale airoso.




I, Tonya nos narra en clave de mockumentary (o falso documental) la dura vida de la patinadora Tonya Harding y del suceso "Nancy Kerrington", contrincante suya que sufrió un ataque del cual fue acusada la Harding. El formato es ágil y divertido, la cámara viaja por las escenas al mejor estilo de Scorsese o Thomas Anderson. Y esta forma dinámica de filmar se adereza con un formato divertido en el cual los personajes rompen la cuarta pared, hablando a cámara en los momentos más inesperados. La recreación y el gusto por el detalle es de destacar: basta con comparar las imágenes de la película con las escenas reales que se encuentran en internet.

Otro elemento digno de destacar es el de una banda sonora que recrea los ochentas, con música de Supertramp, Dire Strats, Fleetwood Mac, Heart, Laura Branigan, Violent Femmes, Doris Day y Siouxsie And The Banshees, entre otros.

Mucho se ha hablado de la actuación de Margot Robbie, sin duda la mejor de su corta carrera y que posiblemente la haga merecedora de un premio Oscar. La actriz tuvo que aprender desde cero a patinar para dar veracidad a su personaje, aunque obviamente las rutinas más elaboradas son cortesía de una doble más la magia del CGI. Pero quien se lleva las palmas es la actriz que hace de su madre, un personaje complicado excelentemente interpretado por Allison Janney.

No hay que saber de patinaje para disfrutar una cinta notoriamente hecha con profesionalismo y con el ánimo de divertir.