LA VIDA ES UNA RISA Y LA MUERTE ES UN CHISTE...

No soy amigo de sentirme feliz usando las cápsulas predeterminadas, tales como llamar a un ser querido, comprarme algo bonito o arrancar a reir como un descosido. Además, mi búsqueda jamás ha sido la de la felicidad, como erróneamente dictaminó el líder de un retiro al que tuve el desagrado de asistir. No todos los seres humanos buscamos eso. Lo mio es la tranquilidad (Y, créanme, es una meta más lejana y difícil). Pero si he sido feliz. Recuerdo que hasta antes de salir del colegio lo era, circunstancia que perturba a quienes me leen ahora pero no han seguido mi existencia desde que me gradué. Y, aunque en menor cantidad, he sentido esos pequeños destellos de bienestar a lo largo de los años. No percibo el olor que tiene la mañana, no me gusta brindar por aquel amigo que se fue, y si alguien llegara a mezclar aguardiente y tequila no me imagino que vomita en esta vida. Pero si amo ver los colores del atardecer y cuando beso a mi mujer. Me gustan los caminos que hacen las gotas de lluvia cuando se resbalan perezosamente por una ventana, y ver los círculos que hacen los granizos en los charcos. Me gusta experimentar deja vús, y comer esa mezcla que mi madre hacía de leche en polvo y azúcar a partes iguales, cuando lo servía en un pequeño plato. Recuerdo que, junto a mis hermanos, practicábamos unos primitivos métodos de distribución dibujando caminos en la mezcla usando la cuchara, para asegurarnos de hacer un reparto equitativo. Me gusta romper la yema de un huevo frito y mezclarlo con el arroz. Me gusta el cuadro del nacimiento de venus de Botticelli, la novena sinfonía de Beethoven, Il pagliacci, la Monty Pyhton, Les Luthiers. Me gusta llegar tan temprano a una película que, luego de media hora de cortos, uno olvida que fue a ver. Me gusta mezclar plastilina de diferentes colores, y arrancar el plastificado de libros y cuadernos. Y BB. Y la voz de Mateo. Y la risa de Simón. Y una buena película. Y el sabor del primer trago de cerveza. Y el titilar del chat cuando alguien responde. Si, me he ablandado. Me empecé a ablandar el día que conocí a mi primer sobrino y me acabé de ablandar el día en que internaban a mi mamá en un centro de rehabilitación mientras, en una de esas circunstancias cósmicas, a varios kilómetros de distancia Nelson se quitaba la vida. Ese día empezaba a hacer los papeles para el empleo que tengo ahora, varios meses antes de reencontrarme con la persona con la que estoy ahora. Ese día algo hizo click en mi cabeza. Empecé a recordar que solía ser feliz. Para mi, es casi imposible ver sólo el lado bueno de las cosas, pero siempre es mejor que la alternativa.

EL DEDO DEL MEDIO

Tuve la ventaja de ser el hijo del medio, lo que me permitió entregarme al facilista sentimiento de "nadie me quiere" bajo el brazo tutelar de la casualidad natalicia. Siempre he tenido un hermano mayor, alguien de quien instintivamente me alejo en in intento de definirme a mi mismo por medio de no definirme como él. Sin duda es mi mayor influencia a la hora de no optar por un empleo de 8 a 5, pasar los días en un cubículo en un trabajo que lentamente va chupando partes del alma, una vida regular, un carro, una mujer promedio (como si tal cosa existiese, luego escribo sobre eso), un apartamento, los últimos artículos de lujosa masificación. Contaba apenas mi madre unos siete meses de haber dado a luz a su primogénito, cuando el maravilloso e inquietante proceso de la gestación inició nuevamente, deformando ciertas características y arruinando otras, el bello sistema por el cual dos hermanos (no gemelos) son física y mentalmente diferentes. Yo salí más a Toño, mi padre, así que he crecido teniendo una ventana al futuro de como será aproximadamente mi aspecto. cada vez que miro a mi padre veo como seré en 27 años. A veces asusta. ya empecé a cobrar mi herencia: la calvicie, el humor y una barriga cervecera. Es mi derecho por ser un Vargas. Mi hermano salió más a mi madre, al igual que Diana, la hermana que sigue. Bueno, si mal no recuerdo, luego de mi, nació uno que no nació, o nació antes de nacer, y luego si Diana. Así que durante varios años fui un sandwich entre un niño y una niña que se parecían entre si. Como todo niño, temí haber sido adoptado, condición que pasó del susto al deseo de que fuera realidad cuando llegué a la adolescencia. Para entonces, había nacido el cuarto, condición que reiteró mi sentimiento "nadiemequieretodosmeodian" hasta llevarme al retraimiento y la asocialidad. No fue sino hasta que intuí que mis padres descuidaban a todos sus hijos en general, y no a mi solo, que mis reservas pasaron a una miserable tranquilidad. Ya no me amargaba buscando la aprobación de mi padre por haber sido el hijo del medio. Me podía entregar a la amargura de no saber porque parece no aprobar mis acciones. El fin de semana pasado me sorprendí llorando copiosamente ante la escena de una película infantil donde un padre le dice a su hijo que se siente orgulloso de él. Si alguno sospecha de la veracidad de esta última sentencia, con terror recuerdo que existe una fotografía que grabó ese plañidero momento. Uno sólo se debe a si mismo, sin depender de aprobaciones ajenas. Pero eso se escribe más fácil de lo que se aplica. Facilita el hecho de estar inventándose la vida paso a paso. Una mujer me dijo una vez que, al ser el hijo del medio, tenía una ventaja. Ante mi mirada de incredulidad, me dijo que el hijo mayor suele tener el peso de convertirse en el responsable, la mujer se convierte en la madre (mi hermana es la única de los cuatro que tiene hijos) y el menor tiene el deber de ser el rebelde. Pero no existe cliché para el del medio. Puedo arruinar mi vida como me de la gana.

MI VIDA A.C.

No hay gran mérito en seguir vivo. Si a los 25 era un milagro, después de los treinta es más bien un despropósito. Dias que se alargan, cosas que ya no se hicieron, ver como todo el mundo empieza a ser menor que uno. A los veinte cualquiera puede ser un genio. A los 32, ya cuesta. A mi edad, por ejemplo, ya Jesús había realizado sus buenos milagros. Yo aún tengo un año antes de que me crucifiquen. Dos años después se acaba el mundo. (No tenía planes para el 2012, de todos modos). Bueno, me da pereza plantar un árbol, aún estoy en monólogos internos sobre tener un hijo, y me gustaría escribir un libro. Tres cosas que Cristo hubiese hecho si hubiese muerto de viejo. Le daría un giro a la historia de la cristiandad, pero por lo menos habría sido feliz.

Cualquiera que lea esto podrá pensar que lo que escribo sobre mi está inspirado en mi. Comprendo la evidente equivocación. La verdad, cualquier parecido conmigo es mera coincidencia, ya que me considero a mi mismo un personaje de ficción. Me he dibujado tantas veces, y lo que no lo he dibujado lo estoy escribiendo, que poco queda del ser humano real detrás. Con las actuales redes sociales es tan fácil inventarse un alter ego, mostrarse con cualidades inexistentes y cualidades disfrazadas de defectos, que ya no se llega a saber si realmente alguien existe. De por si, era dificl saber si uno existía antes del internét, bastaba el rechazo de las mujeres, el poco cuidado de los padres y maestros, pareciera a veces que la existencia de uno (por lo menos la mia) sólo encontraba justificación en los agresivos ladridos de un perro vecino que odiaba mi presencia, pero que me permitía saber que yo estaba vivo. Actualmente, parece que tengo cierto significado para la compañía que me cobra el teléfono. Bueno, tengo un año para hacer algo que valga la pena. No digo hacer reir a alguien o esas cosas diarias con las que los optimistas buscan llenar los vacíos en sus vidas, sino hacer algo relevante e importante A.C.

CONSEJOS PARA EL HIJO QUE NO SE SI TENDRÉ

Hablo español desde por ahi los cuatro años y fluidamente desde los ocho. Inglés lo oigo pero no lo entiendo. (Algo así como reina colombiana). Pero también hablo mierda. Más o menos desde la adolescencia. Lo perfeccioné a los veinte años, cuando una sucesiva cantidad de mujeres me mandaron a la mierda, lugar donde estuve tanto tiempo que practicamente tengo doble nacionalidad. Por un lado soy todo un colombiano, y por el otro soy todo un mierdero. En todos los aspectos, trabajo, relaciones, religión, dinero, familia.
La vida debería venir con un manual de instrucciones. Aunque: ¿Quién demonios lo escribiría? Algo más práctico sería una especie de libro mundial donde cada ser humano que alguna vez haya pasado por el planeta pusiera un poco de su experiencia en beneficio de la humanidad. Cuando alguien se lo invente, por favor, háganle llegar las pocas cosas que he aprendido:

- Trota. Cuando te canses, deja de trotar.
- No confies en alguien que no bebe.
_ No confies en nadie.
- No te creas los halagos.
- No confies en estos consejos.
- Bebe.
-Jamás tendrás las abdominales marcadas. Entre más pronto te resignes a eso, mejor te irá.
- Entra a un gimnasio y no te lamentes cuando lo abandones al mes.
- Aprender a tocar un instrumento. Y a una mujer. (No en ese orden)
- No temas enamorarte. (Si, lo se, no soy buen ejemplo).
- Di muchos "te quiero" y el doble de "me quiero".
- Busca a alguien a quien le gusten las mismas cosas que a ti te gustan, o que por lo menos odie las mismas cosas que tu odias.
- Siéntete orgullosos de tu amargura. Defiende tu derecho a ser infeliz.
- Si no tienes una relación formal, disfruta de un noviazo freelance.
- No participes en el amigo secreto.
- Puedes atrapar más moscas con miel que con hiel, y muchas más con mierda que con miel.
- Escucha todos los consejos que puedas y luego ignóralos.
- Se feliz. Si no puedes, buena opción es estar tranquilo.

LIMPIANDO EL KARMA

Honestamente, no me puedo quejar. Este año salí del país, salí de mi casa, salí de la soltería. Tuve más sexo del que esperaba, aunque menos del que quisiera. Tuve tanto dinero como el que necesito, que no es mucho, cociné más de lo que me pude comer y bebí menos de lo que acostumbraba. Corrí más de lo que nunca lo he hecho y fumé menos de lo que creería. No vi crecer a mis sobrinos. Cada vez que los visitaba, estaban más grandes, pero no presencié el momento exacto. Uno creció en altura e inteligencia y el otro en ternura y en el eje equis. recuperé amistades gracias al facebook y eliminé mi cuenta en el facebook. Luego la recuperé y me quedé con los pocos contactos que realmente me importan. He dibujado, escrito, expuse caricaturas, conocí esos lugares que consideraba ficticios por el simple hecho de haberlos conocido en libros. Empecé el año con sexo y sin dinero, y prefiero ese orden. Parece que terminará igual. Yo terminaré algo cambiado. No más sabio, sólo más viejo. Me entrevistaron en una revista y escribí para otra, y ninguno de los dos reportajes ha salido. Se fundó una religión al sabio Vargas debido a mis escritos en twitter y se cayó el mismo día. Blogueé, fui panelista de reemplazo para hablar sobre el porno en un evento para el Campus Party que no floreció. Apoyé a mi madre en su devoción por la Virgen y dios se burló socarronamente cuando me vió rezando a pesar de que no creo en él. Me metí a un gimnasio y superé mi record. Duré sólo tres días. Estuve en la media maratón, y soporté cerca de una hora ver como la gente corría bajo el inclemente sol bogotano del mediodía. Una fría cerveza me permitió continuar con esa actividad. Conocí gente muy bacana y le dejé de hablar a gente a la que no le di oportunidad de caerme mal. Olvidé mucha información que tenía y recordé detalles del pasado que, no sólo creía olvidados, sino que no cambian en nada mi existencia actual. Dormí, comí, cagué, tosí, estornudé, parpadeé, vi tele, me puse los zapatos, me recorté los pelos de la nariz, suspiré. No recuerdo haberme tronado los dedos en todo el año. Aprendí que está bien fracasar, que está bien estar triste de vez en cuando. Aprendí que no sirve trabajar bien si no se cae bien a ciertas personas, aunque sólo caer bien tampoco sirve. Hay que equilibrar talento profesional y habilidades sociales, aunque también se que no hay que negarse a si mismo. Soy pesimista. Me hago videos. Me deprimo con cierta facilidad. Tengo una particular habilidad para encontrar el lado negativo de las cosas. Bebo, fumo, soy asocial, me desesperan la incompetencia, el exceso de algarabía, las reuniones sociales. También noté que, aunque desteto a la gente, acepto a las personas como son. Soy más noble de lo que creía, más divertido de lo que parece, más juicioso de lo que estoy dispuesto a admitir. A pesar de que no suelo hacer planes, este año pasaron las cosas que siempre quise que pasaran. Y otras cosas más. Me hice pasar por argentino para evitar un excesivo recargo en un taxi, dije tantos "te quiero" que perdí la cuenta, aunque menos "me quiero" de los que recomienda la gente feliz. Me paré en actitud solemne frente al micrófono que minutos antes había usado el presidente, volví a comer pescado y, no se si para bien o para mal, volví a escribir.

LO MÁS DIFICIL ES EL TÍTULO

Hubo una época en que escribía en un viejo cuaderno. Pequeñas historias propias que sólo mi mejor amigo llegó a leer. Y jamás me dio su opinión. Tal vez si hubiera hecho una dura crítica hubiera abandonado este oficio y me hubiera concentrado en aprender un baile o a combinar la ropa que me pongo. Ahora, basta escribir cualquier cosa y subirla a facebook, para que personas con las cuales uno no ha hablado durante años de repente le comenten. Es difícil escribir así. Si uno llega a escribir pendiente de quienes lo leen, está jodido. Ha vendido su alma para complacer a los demás. Hoy fue un mejor día. Como toda persona promedio, odio hacer ejercicio, pero desde que cumplí 32 procuro salir a trotar unas tres veces a la semana. Es la cuota mínima para auto engañarme y decirme que estoy saludable, y así poder beber cerveza sin sentirme culpable. Reconozco que cada mañana es más fácil, el cuerpo se acostumbra a todo, hasta a lo que se detesta. Bueno, no ha todo, llevo años trabajando y no me acostumbro a la idea de perder mi vida en pequeñas cuotas de ocho horas diarias. Pero trotar me gusta. En la medida de lo posible. Aunque es una actividad solitaria, siempre habrá ancianos estorbando con sus perros, autos que pasan rápidamente buscando atropellar a quien se atreva a usar por un momento la carretera que la sociedad les ha adjudicado, otros trotadores que esperan a pasar cerca de mi para acelerar su paso y demostrarme que son más hombres, que corren más rápido, que tienen mejor empleo, una bella mujer, un pene más grande, que nunca van a a morir y que fueron puestos por dios para mostrar la maravilla de su obra. Pero son sólo veinte minutos que soportar cada vez que salgo, y vuelvo al apartamento. Es como echar un vistazo al mierdero afuera y volver. Curioso, el corrector ortográfico no reconoce “mierdero”, y sugiere “moridero”. Me ví tentado a hacerle caso. A veces ser menos grosero equivale a ser más contundente. Hace unas horas alguien me sugirió que dejara de hacer caricaturas y me dedicara a escribir. Lo tomaré como un halago, aunque no se si le haga caso. Hay tan pocas cosas que quiero decir, que bien podría dejar de decirlas por medio del dibujo. Según los mayas, sólo debo aguantar tres años más y nos vamos todos al demonio. Aunque lamento decepcionarlos, esta hermosa bola azul que gira alrededor del sol se auto preservará una vez más, aunque el egocentrismo de la raza humana cada par de décadas le haga creer que el mundo se va a acabar. Es como si no pudieran soportar que estarán en este planeta menos de cien años, y quisieran que su final fuera el final de todos. Mucha gente odia la idea de que el mundo siga sin ellos. Pero siempre lo hace. Ya me hicieron ilusionarme con que el mundo acababa el seis del mes seis del año 96, y luego el 31 de diciembre del 2000. Aunque sabía que al planeta le importa un carajo la fecha que arbitrariamente se inventó el hombre, la sola esperanza de que un buen día, sin pedir permiso, el planeta explotara, o se fundiera, o implotara, o se desintegrara molecularmente con todo lo que tiene, edificios, montañas, mares, personas, costas, puentes, fábricas, parques, era demasiado atractiva. Hace unos años la moda era el agujero de la capa de ozono. Pero se dijo todo lo que se debía decir y ahora la moda es el calentamiento global. Y cuando el tema se acabe, en unos cinco años, una nueva manera de mantenernos aterrados surgirá. Y la tierra seguirá ahí, limpiándose esporádicamente gracias a los huracanes, los tsunamis, los terremotos, pequeñas licencias genocidas que se da para mantenerse bien. Y yo seguiré corriendo, esquivando perros y ancianos, sacando algo de bilis esporádicamente y volviendo a la seguridad de cuatro paredes y una pantalla para regalarme un día más, para reponer mi espíritu por 24 horas más. Y no, mujer, no es malparidez cósmica, pero gracias por la preocupación.

LA VIDA ES UN SACO DE MIERDA Y SE ESTÁ DESCOSIENDO POR LOS COSTADOS

Si estuviera envejeciendo sería algo. Por lo menos tendría el mérito de decir que estoy derrotado. Pero 32 años es una edad ridícula, no se ha hecho mucho y no se tienen ganas de hacer mucho. Hoy fui donde mis hermanos, en la casa en la que vivía hasta hace unos meses, pocos, pero suficientes como para sentir hastío por esas calles repletas de vendedores y compradores, andenes donde no cabe más de una persona esxcesivamente delgada y con los brazos en alto, y negocios que aspiran a tener más compradores si colocan sendos bafles en las calles regalando lo menos selecto de la música vallenata. Ya desde cuando salí de mi apartamento pintaba la cosa mal. No es mi pesimismo habitual, es más bien ese sabio sentir, esa voz en nuestra cabeza a la que rara vez uno le hace caso y que dice: Mejor quédese echado en su cuarto viendo películas, en serio, no hay nada afuera. Pero un maldito instinto de auto fastidiarse la vida disfrazado de ilusión de hacer algo en la vida, de deseo de encontrar un sentido a través de salir a la calle, hace que uno pierda un festivo en una actividad que no le llena. He aprendido a aceptar la relación con mis hermanos, una vez que entendí que los cuatro somos víctimas de una circunstancia mayor: nuestros padres. Además, mi hermana tiene ya dos niños, y parece que son inmunes al mal del mundo a su tierna edad, lo que hace que sean personas con las cuales es agradable hablar. Entienden sarcasmo y no se ofenden. Hermosa situación. En algún punto de la vida, con la madurez, se pierde la esencia de la vida, que parece que desde niño se tiene. Mis padres solían pelear cuando tenían mucho tiempo juntos. Entre semana por lo menos una vez, casi siempre los sábados o los domingos y, cuando había dias "festivos", una pelea entre ellos era más que anunciada, así que aprendí a detestar esas fechas. Y no hablamos de civilizadas discusiones para llegar a un acuerdo por medio de la conversación, sino de golpes, gritos, insultos, algo insoportable a cualquier edad, y traumático a los ojos de un niño que está aprendiendo a leer o contar. Algo de esa sensación me quedó varias décadas después, y no tiene afán de irse. Si me suicidó, tengan la seguridad de que será un día festivo en la tarde. Ni si quiera es deprimente, eso ya sería algo, tendría una emoción,. aunque negativa. No, estos dias son más de vacío, de no encontrarle sentido a las cosas, y los minutos se alargan, y se pregunta uno si vale la pena. Pero es una cobardía seguir vivo después de los treinta, así que aquí estoy, mediocremente tratando de encontrarle significado a esto.

Llegué a creer que tenía un compromiso con las personas a las cuales llegaba a través de algunos de estos nuevos medios virtuales, algo como hacer caricaturas más optimistas, como las que hacen los dibujantes que admiro, pero cada vez ese demonio de la insatisfacción, el rechazo, la depresión, del negativismo, se abría paso a través del lápiz e impregnaba toda la hoja. Primarios intentos de hacer un chiste fácil y tranquilo quedaban convertidos en grotescas caricaturas mías diciendo frases más amargas de lo que originalmente pensé. Por suerte (esa frase la estoy usando deliberadamente a la ligera) los que me conocen no saben cuando hablo en serio, así que siempre han tomado estas muestras de pesimismo como uno más de mis chistes, y terminan escribiendo un escueto jajajaja :)

Así que, a la larga, no importa si me dejo llevar por estos estados que me equilibran, que intenté aplacar leyendo libros positivistas, haciendo ejercicio y viéndole el lado positivo a las cosas, y que sólo lograron que este sentimiento que me ha acompañado desde siempre se fuera agrandando dentro de mi y saliera por las costuras en formas que sólo a un somatizador como yo le puede suceder, generanbdo dolores de cabeza, estados de ansiedad y molestias en la circulación, convirtiéndose en un real veneno que infectaba todo mi organismo. Peor aprendí a sacar esta bilis en cómodas cuotas diarias, darme el necesario espacio para deprimirme. Está bien amargarse, está bien insultar mentalmente a los incompetentes sujetos que nos encontramos a diario, está bien no ser feliz. Ya no más esos libros que nos hacen sentir culpables por no encontrar en una cagada de perro en la calle el milagro de la creación. Ya no más con esas frases positivas para cada día, ya no más saludar diciendo que se está bien y mejorando cuando lo que se quiere es asomarse en la ventana con un rifle cargado y una buena cantidad de cervezas. Al diablo, no creo que nadie lea hasta este punto. Yo mismo me mamo de releer lo que escribí. Ha sido éste un escrito sin ningún hilo conductor diferente del de ejercer el ejercicio de escritura y restarle minutos a este día tan desaprovechado.

EVACUANDO PENSAMIENTOS INÚTILES

Los que me conocen saben que he hecho de la sana ingesta de alcohol mi estilo de vida. Aclaro esto para borrar desde un principio las equívocas interpretaciones de mi historia.

Emergido de la penumbra de la sobriedad, ansioso en la noche del recuerdo, el fantasma de la ebriedad abrió sus acogedoras alas para abrazar mi casi inexistente y sobrevalorado cuerpo. Fue una noche de agosto. Estaba borracho.

No había pasado la primera sensación de lucidez, y ya crecía en mi el sentimiento de cansancio. Hallábame yo en ese sonambulesco estado que se sitúa entre los confines de la perra y los inicios del guayabo, cuando la sombra de la muerte se abalanzó sobre mi en forma de bus ejecutivo. Bajo metros de tierra reposarían hoy mis restos si no hubiera sido por una inesperada ayuda. La vi a los ojos. Amaneció en la tierra. A partir de ese momento empecé a hacerme dueño de mi mismo, rescatando mi alma de la interminable confusión de la mente embotada, soñando como perdía mi propia existencia en los huidizos umbrales del vómito. Ella me salvó y yo me alejé. La gratitud nunca ha sido una virtud que yo cultive. Sin embargo Ángel, (como dijo llamarse mi salvadora) sintió la necesidad de seguirme. Caminaba yo, pero aún mi paso era pesado y equívoco, con la pesadez de la noche vivida. Inevitablemente, era de día. Pronto, la mujer me abordó, y un sentimiento, mezcla de confusión y de desespero, se extendió prontamente por todo mi cuerpo, contagiando mis pensamientos de un deseo insatisfecho. Nos observamos con insistencia.

- De nada. - dijo, tras un largo silencio.
- Está bien.
- ¿Cómo te llamas?
- No te importa - respondí furioso.
Sin embargo, pese a mi estado de ánimo agresivo, noté que ella me miraba compasivamente. Tal vez mi rostro reflejó el deseo innato de desaparecer, víctima del miedo al fracaso.
-Soy un ángel - dijo.
-No creo en los ángeles.
-¿No crees en Dios?
-No- dije.
- Bésame.
Un ofuscamiento comenzó a apoderarse de mi. Muchos lamentos pasaron por mi cabeza cuando pensaba en la única mujer que me había dicho esas palabras, un año atrás.

LOS MONÓLOGOS DEL ::::VARGUITAS::::*.


Para informar acerca de una pequeña exposición de caricaturas de quien esto escribe, irónicamente, no hay caricatura hoy. Cumplidamente se les espera:
Fecha: sábado, 18 de abril de 2009 Hora: 6 p.m.
Lugar: AUTUMN LEAVES Cafe Bar Rock & Blues
:: Park Way :: Avenida Carrera 24 No 39 A 44

Evento en Facebook >>  

*El material podría no ser inédito. 
*Las caricaturas podrían ser diálogos también. 
*El autor podría ser más gracioso en dibujo que en vivo.

SOBRE LA CARRERA


Y a todas estas, para este sábado se espera una exposición de caricaturas de quien esto escribe.

Esperen más detalles.

¿Y DONDE ESTÁ JAVIER?

Pues eso, que le regalo una película piratísima al primero que lo encuentre. (A mi no, a Javier.)